Desde el carajo

Desde el carajo, ¿se puede avistar tierra? Una inmensidad del carajo es la inmensidad, y eso que no tenemos ojos en la nuca aun-que lo pretendamos con eso que llamamos pasado, siempre mirando hacia atrás.  No se necesita luz para ver, se puede en la oscuridad, a veces también hay claridad, otras no. El tercer ojo es interior aunque esotérico,  no queda literalmente “en el carajo”, pero dada nuestra locación como segunda ubicación,  se va (o va, o viene) al carajo.

Carajear puede ser ambivalente, en la mar o fuera de ella. ¿Cómo sabemos que quien está en el carajo no miente o fabula? ¿Cómo sabemos que paradójicamente no se va al carajo en el carajo?

Suponiendo que nos mandan al carajo (suele suceder más de lo que pensamos o escuchamos,  en general no estamos presentes), y ya estamos ahí ¿qué vemos?

Si todo está lejos, si los sonidos son oídos recién cuando mueren, ecos de agonía; todo está abierto.  Podemos ahogarnos o aburrirnos de existir siempre  en el carajo, caer, elegir caer, tirarse; los sentimientos se expanden hasta disolverse sin siquiera tener un principio, son solo intensos instantes en este gran silencioso abismo que no espera, susurra. Allí todo está: listo

preparado

derrapado

sucede

existe

para el carajo.

 

Martín Domínguez

Elevadores a pleno sol

Benito Quinquela Martín. Elevadores a pleno sol, 1945

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