El Superyó de-manda:

El prohibido fruto del que disfruto.

No estoy contento, jamás podría estar contento, nunca. Jamás ha de ser una posibilidad. Y nunca tendrá que serlo.

No debes vivir así. Es indigno tu hogar. El desorden demuestra tu proyección en la vida, debes erradicar el caos, purificar cada centímetro de tu casa, volverla de principio a fin, una obra ejemplar de la cotidiana purga de tus pecados. El diezmo diario con cual saldar tu deuda, tu mancha. Y de no ser así, te perseguiré hasta los últimos rincones de tu vida, golpeando con mi gran brazo de culpa, cada instante, cada paso, en cada pequeña distracción, llegare para atormentarte.

No debes vivir así. Morirás lentamente si no te alimentas como debes. Como rige la gran ley del tiempo lineal, desayuna con los ingredientes indicados para tu edad, no fumes, no pierdas los segundos matutinos contemplando las nubes. Almuerza los deberes que te impone la necesidad, trabaja arduo y duro, te liberara. No descanses para merendar, no puedes ser haragán, tienes que hacer con tu vida la utilidad, todo tiempo a un fin próximo, acción constante de la putrefacción. No te atrevas al pecado de la distracción, firme como la piedra, tus convicciones bajo tu nombre, serán la firma que arrastraras como Sísifo, hasta el umbral. Cena en tiempo y lugar apropiados, como una máquina, no te dejes doblegar por el gasto innecesario de tus energías; son la perdida, que no se puede capitalizar, y siempre, habrá que negar.

No debes vivir así. No te atrevas a cuestionar el ordenamiento que te ha dado identidad. Más allá de ti, o de nosotros, no encontraras más que el ancho frio de las inseguridades del abismo, que algunos locos, llaman libertad. Responde fiel a las tablas de la ley, sin ellas, perderás la personalidad, y no serás mas tú, sino otro. Un extraño sin patria ni ley, un enemigo, un extranjero. Y en estos tiempos de crisis, no hay generosidad posible, no hay hospitalidad con el adversario.

No debes vivir así. Anclar tus rodillas debes, al suelo puro de la tierra de acero con la que dominaras a las bestias y a los demonios que habitan la naturaleza. Se leal a mi gran representación, al Estado que te protegerá noche y día, de los bandidos desertores del mandato divino, del orden acaecido desde tiempos inmemoriales.

Nuestra moral es el gran hierro que hiere al mundo para ver nacer el progreso por los siglos de los siglos. A él, concédele sin dudar, tu sangre, tu alma, y todo tu deber. Solo así, gozaras hasta la última gota prohibida del paraíso maternal.

Salvator Rosa, Witches at their Incantations, 1646

 

Imagen: Salvator Rosa, Witches at their Incantations, 1646

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s