Carta o Raíz de Luis- Pablo Ayala

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Me llegaron noticias tuyas acá en la Costa y decidí escribirte porque te noto distante Marcos, y algunas ideas que anduve pensando estos días no vendría mal compartirlas con esta distancia entre el mar y el cemento, entre la ruta  y tus callecitas porteñas que siempre nombras. Mariana me contó que te estás alejando de la escritura, que estás ocupado en  otros asuntos, que estás corriendo mucho. ¿A dónde estás llegando tarde Marcos? ¿Cómo está ese bocho? Acá te extrañamos. Uri ya tiene seis años y me pregunta por vos, recuerda tu forma de reírte. Ayer al mediodía sacaba junto a ella las raíces entre las dunas y el patio de casa. Uri le ponía nombres, palabras a cada raíz. El juego empezó entretenido. Yo ya no sabía que más nombres usar. “Esa, es raíz de garra de león” “Esta otra es de barba de chivo”. Y así estuve  hasta que no se me ocurrían más nombres, y le propuse inventar juntos. “Esta es raíz de mamá”, a otra le puso “raíz de amor”. Le sonreí, la levanté y vi sus ojos un poco afiebrados.

Ahora estoy al lado de su cama escribiéndote, ya logramos bajar un poco la temperatura con paños fríos, parece insolación. Uri repitió varias veces durante la fiebre las palabra “raíz de”. Esta última escena me dejó pensando que  debe ser  difícil para estas plantas  anclarse sobre arena, así como a nosotros nos costó anclarnos acá… hacer crecer esa rama imaginaria que me ata a esta casa, a este paisaje, a esta forma de habitar los días.

¿Y tus raíces Marcos? ¿Sobre qué superficie están? Desde que te conozco, tu ansiedad te llevó a apurar toda búsqueda. Exagerabas todo, siempre nos contabas una historia inventada sobre el barrio o la vida, inventada no porque no fuera real, sino porque desde tu boca le construías texturas y olores a cada escena relatada. “¿Y a fulanito que le pasó al final?” nos preguntábamos y quizás fulanito sólo pasaba por esa esquina y no intervino en esa acción, pero lo hacías intervenir, te gustaba la idea de que nadie se quede mirando, que hagan. Notabas el ritmo de atención y acelerabas o amenguabas el pulso de la narración.  Aún así, vos no echaste raíces en ninguna esquina. La calle te perteneció extranjera y hostil desde siempre, ¿ese niño asustadizo que retorna hoy como tormenta estará buscando echar raíces? Mariana me dijo que no querías hablar de amores, que te notaba deprimido pero aún como si estuvieras en paz después de mucho tiempo.

Marcos: las tormentas duran tanto como se necesita para que llueva de una vez.  Lo importante son las decisiones en el mientras tanto, hacerse cargo del residuo de conocerse uno en circunstancias donde te estás perdiendo o se produce una raíz de incertidumbre.  ¿Y si las raíces están en tus mamarrachos plásticos? Volcá un vidrio a trasluz allí arriba de una mesa, llénalo de colores, manchá tus dedos de una tinta exterior a vos, a tu sangre. Te gustaba mucho laburar con vidrios, parecías extasiado con los reflejos de la luz sobre los colores, como si intuyeras algo.

Tiempo y alegría Marcos, rompé con el cinismo, estamos grandes para caer en eso. Siempre “respetar las dimensiones del paisaje y saber rescatarse”, vos me ensañaste eso, esa maldita noche que zafamos juntos.

Aferrate sólo a las fuerzas de quienes te aprecian y te toman en serio, y no a los que te rodean esperando sólo que cumplas un papel en su teatro intimo.

No pierdas tiempo: amá, amá, AMÁ  UNA BOCHA A SERES PIOLA VAGO. Nunca dejes de tener esa amabilidad con los ojos fisuras o raíz de yira eterna que nos albergaron varias temporadas cuando nos pintaba irnos al carajo. Aún así Marcos ya es tiempo de que no perdones ninguna injusticia ni a vos, ni a los otros.

Si tu televisor amoroso proyectó a destiempo, retírate silenciosamente y no dejes de aprender, cada día me doy cuenta, estoy más seguro de que vinimos a aprender.  Ayer charlábamos con Mariana sobre esto, lo de no atropellar nuestro estado de ánimo contra la persona querida, no maltratarla con el ego, no abusar de la confianza.

 Lo amoroso, creo, es desearle el mejor de los paisajes al otro ser, no inventar jaulas con yeite de seducción.

“Ausentar una mujer es la otra cara de la moneda de la violencia o raíz de machismo”. Te lo anoto así, como un refrán. Te lo dejo para pensarlo, ayer lo discutíamos con Mariana mientras preparábamos la cena. ¿Vos qué opinas de eso?  Fabricar una ausencia por miedo a la exposición, ¿no te resulta siniestro para la memoria y peligroso para actuar?, es como volver invisible una experiencia que fue vital. Nuestras últimas charlas fueron sobre eso, me gustaría que me escribas tu pensamiento.

Uri ya está intentando despertarse.  Tendrías que verla cómo se despereza, parece una tortuga,  está gigante, te agrego a la carta una foto que le saqué la otra vez que fuimos de camping  al Municipal.

Recordá que lo único trágico es dejarse llevar por la desesperanza, por fijar puntos cardinales en personas y no en paisajes. No construyas un tango o raíz de melancolía sobre esto último, te conozco, ni lo intentes.

No esperes nada de nada. Confia en tu cuore, una vez más.  Desarma esa ola que por cariño o raíz de amor creció  y  ofrécele nuevamente la playa mansa y no las rocas.

No dejes de bailar, porque una canción de Gilda siempre hizo que tu espíritu gozara, que bailara esa cumbia que logra apoliyar nuestros monstruos más profundos.

Si duele algo al pasar e insiste con quedarse, recordá las más delirantes de nuestras aventuras. El absurdo relaja el espíritu, acordate las lecciones del Chino en la ferretería.

Ofrece un remanso a ese loco que habita allí, tranquiliza tu niño y no lo llenes de culpa, para que pueda seguir jugando.

Sostené cada una de estas palabras con acción, no es una misa, son reflexiones de un extraño que cree conocerte, es lo que me viene a la mente mientras cuido a Uri. Debo despedirme hermano, tengo que organizar la clase que doy mañana, nos toca “Literatura Argentina”, te hubiese gustado estar.

Esperamos verte pronto por acá, ahora que todo tiempo parece sólo presente. Ambos sabemos que las palabras tienen un costo que sólo el secreto del compromiso con vivir conoce. Que ande todo mejor por allí.  Cuidate y mejorá esa cara de serio.

No corras tanto, que alguna raíz siempre te va a sorprender sobre la arena.   

Te abraza.

Luis

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