Reminiscencias del paraíso

El 8 de diciembre, día de la “Virgen inocencia” para los católicos apostólicos romanos. Han pasado muchos años, unos 95 años del frío diciembre de 1921. En la estancia “La Anita” de Menéndez Behety, al sur del Lago Argentino, donde ningún santo puso un arbolito. Pero allí, sì se tomaron la molestia, en manos del máuser, para desterrar de la vida a los mortales que pedían mejores condiciones laborales. La orden, del Capitán Viñas Ibarra y de Campos; dignos herederos del Comandante Héctor Benigno Varela, quien será asesinado por un amigo del pueblo, Kurt Wilckens.

En “La Anita”, dará su último discurso entre los compañeros en la asamblea, Antonio Soto, dirigente de la fracción huelguista. Se discutirá seguir con la huelga o entregarse a los militares, quienes decían: “No venimos con la intención de perjudicar a nadie”. Pequeñas mentiras, vivadas criollas.

Soto, dirá: “Os fusilaran a todos, nadie va a quedar con vida, huyamos compañeros, sigamos la huelga indefinidamente hasta que triunfemos. No confiéis en los militares, es la traílla más miserable, traidora y cobarde que habita la tierra. Son cobardes por excelencia, son resentidos porque están obligados a vestir uniforme y a obedecer toda su vida. No saben lo que es el trabajo, odian a todo aquel que goza de libertad de pensamiento. No os rindáis, compañeros, os espera la aurora de la redención social, de la libertad de todos. Luchemos por ella, vallamos a los bosques, no os entreguéis. Sois obreros, sois trabajadores, a seguir con la huelga, a triunfar definitivamente para conformar una nueva sociedad donde no haya pobres ni ricos, donde no haya armas, donde no haya uniformes ni uniformados, donde haya alegría, respeto por el ser humano, donde nadie tenga que arrodillarse ante ninguna sotana ni ante ningún mandón”.

Los huelguistas, ya cansados de mantener la huelga, de viajar de un lado a otro por estancias, siendo perseguidos bajo el hambre y el frío de la Patagonia, votan la moción de Juan Fariña por rendirse. Confiando ingenuos, que no habría fusilados y, que las huestes militares vendrían a dar solución de forma ética y apacible; como recordaban de la huelga anterior a principios del mismo año.

Así, comenzará la larga humillación bajo el azote y el tiro de gracia. Que dentro de la historia argentina, no quedara, ni poco más como una anécdota. Anécdota de malandra, de aquellas, que ni los pálidos obreros argentinos, hoy recuerdan.

Varela, Anaya, Viñas Ibarra, Campos, Frugoni Miranda, dioses de la vida y la muerte, en uniforme del Ejército Argentino. El Alemán Otto, antes de ser fusilado, gritará: “Ni en la guerra Europea se mataba a los prisioneros desarmados”.

No hay un número exacto de los fusilados en “La Anita”, quizás unos quinientos huelguistas, pero se mantendrá un número en el silencio popular, mil quinientos muertos, o mejor dicho, fusilados en todo el territorio Patagónico. Montículos llenos de cadáveres, en las llamadas tumbas masivas. Ahí permanecerán, para siempre, en el silencio del desierto y de las cobardías humanas.

 

livertad

 

Fuente: Bayer, Osvaldo. “Muerte en el paraíso”, La Patagonia Rebelde, Tomo II Pág.433

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s