Una camiseta con la cara de Josefina Ludmer

Escribo este texto porque se murió Josefina Ludmer, pero no solo porque se murió Josefina Ludmer. No la conocí personalmente, no le fui a decir lo que me gustaban sus análisis textuales, es más, me dio paja ir cuando le hicieron el homenaje en la UBA el año pasado (en mi defensa, tampoco había leído ninguno de sus textos en ese momento).

Escribo este texto porque estaba cortando cebollas para meterle algo al pollo y que no quede soso (porque es un pollo de 2 kilos y yo que es puro hielo) y empecé a pensar en los textos que leí escritos por ella, y no lloré, porque la cebolla ahora viene diferente, pero me puse extrañamente triste.

Me doy cuenta que el no haberla conocido salvo por ciertas pequeñas entrevistas me da un punto positivo, puedo imaginarla, puedo mitologizarla en mi mente y así imaginar su muerte como quiera, encontrar en el último momento de su vida algo para hacerla heroica. Al menos heroica para quienes escucharon decir su nombre alguna vez (O sea, para una parva de personas en la carrera de letras de Puán). Puedo imaginar que llamo a 10 personas que la conocen y nos vamos todos con una camiseta con la cara de ella al velorio a cantar la canción que Hernán Casciari predijo:

 

«Sarlo,

qué asco te tengo,

lavate el culo

con aguarrás».”

 

Y bailar jazz (no se que es lo que dentro mío me dice que en el momento de su muerte sonaba alguna pieza de Miller o Goodman, una parte que me dice que la muerte de Ludmer pasó en una película de Woody Allen) y hablar de lo que nos causó a cada uno leer “El género gauchesco” o “El cuerpo del delito”, y hablar de la literatura que está ahí, porque después de la familia, para una licenciada en letras no puede haber nada mejor que la recuerden por la literatura sobre la que habló.

Escribo este texto porque lo que a mi me causó ese texto es comprender a todos mis profesores, a toda la teoría literaria, comprender por qué existe todo eso, y poder explicar cuando me dicen “¿Y para qué sirve eso?” refiriéndose a la carrera de letras, me causó una ansiedad irrevocable por seguir teoría literaria y por demorar otras materias que lógicamente tendría que hacer antes para adelantar las de la especialización.

Escribo esto porque hace menos de un mes se murió Fidel Castro, y yo no dije nada, pero cuando tenía 10 años, mi viejo estaba hablando con mi hermano (5 años mayor) y mi hermano le dijo a mi viejo “¿Te imaginás lo que va a pasar cuando se muera Fidel Castro?” y yo me metí en la conversación y dije “Y ¿Te imaginás lo que va a pasar cuando se muera Sandro?”, y ellos se cagaron de risa lógicamente, pero si lo pienso ahora se habló una semana en todos los medios de la muerte de Sandro y miles de personas fueron al funeral y en la calle no le importa mucho a nadie que se haya muerto Fidel Castro. Ojo, no es crítica, es algo que tengo en la cabeza.

No vamos a ir a tirar bombachas y calzones a donde vivía Josefina Ludmer, no nos vamos a hacer la camiseta con su cara. Habrá que conformarse con tener una autora más cuyas clases no vamos a poder disfrutar, otra autora cuyos libros vamos a seguir disfrutando hasta el hartazgo, disfrutandolos hasta comprenderlos, aunque sea, parcialmente.

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