“El Grito”: Extravío y Alienación

“El grito”: Extravío y Alienación

             Por Martín Domínguez

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Hay una imposibilidad de la arbitrariedad porque se la tiñe, siempre tiene que haber un enlace causa-efecto, un porqué, y eso que nosotros siempre vivimos en los tiempos de los efectos, nunca de las causas, nuestros relatos pintan causas. Pruebe, si pregunta a otra persona “¿Por qué por qué?” a cada cosa que le diga, seguramente en algún momento se vislumbrará (en algún punto de cansancio y reposo) un “Porque sí”, y santa arbitrariedad.

  No sé por qué ni qué quería pintar Edvard Munch(1863-1944) cuando pintó “El Grito”, tampoco sé si hay un “porqué”, ¿cómo saberlo? Si voy al museo seguro me lo van a querer explicar (y lo van a hacer de hecho), o para ser exactos van a venderme el porqué del Grito.

  “El Grito” no es el grito, quizás es Skirk[1] pero ni siquiera, a lo sumo Munch  habrá gritado en colores o los colores le gritaron a Munch, o eso nunca pasó.  Sea lo que sea aquello que habita en ese lienzo, ¿dónde está? Hoy lo tiene la casa Sotheby’s de Nueva York que lo adquirió por 119,9 millones de dólares en una subasta en Mayo del 2012. Antes habitaba en la Galería Nacional de Oslo de donde fue robado 2 veces, una en 1994 y otra en 2004. El primer robo lo llevo a cabo Pal Enger, el móvil del hurto ni siquiera fue el cuadro sino la tentación de lo fácil que era robarlo, tanto es así, que luego de la sustracción el susodicho  activó la alarma y dejo una nota que decía: “Muchas Gracias por la mala vigilancia”; a los 3 meses fue encontrado el cuadro en un hotel y Enger arrestado. El segundo robo ya un poco más trivial, fue a punta de pistola por un grupo armado, y luego de dos años el cuadro fue hallado en una granja. Ciertas dudas podrían surgir entonces ante el extravío del cuadro, ya sea por su propia alienación existencial o por sus robos: ¿Dónde estuvo el cuadro cuando fue anónimo? ¿A quién le importa “El Grito”? ¿Dónde estuvo Skirk cuando fue extraviado? ¿Dónde está Munch? ¿Qué quedó de Munch? ¿Qué queda del artista en su arte?

Alguna vez Neruda dijo: “Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo”.

 

¿A qué vamos al museo? ¿A qué? En orden perceptivo el cuadro es primero un adorno que persiste en el tiempo porque está muerto, ornamenta; segundo, un objeto al que un “erudito” le imprime una verdad/un sentido; y tercero, una mercancía. Ese es el no-ser-cuadro de los cuadros que luego no son más que una marca y fácilmente se los incluye en un paquete turístico o en una publicidad.  Y la mirada turística, ¿qué cuadro va a ver? ¿Va a ver el cuadro o va a ver “El Grito”? Algún o alguna ofendida me replicaría quizás jugando la carta de lo estético, pero, ¿qué cosa estética puede haber si los valores estéticos están descontextualizados, mercantilizados e idealizados? Si lo sublime pareciese tener que impregnarme por tales y cuales matices del lienzo por allá, la tela por acá, y los colores allí; todo para que yo contemple “realmente lo que el autor quiso plasmar”. ¿Qué estética es esa estética embalsamada, alienada?, insisto ¿Dónde está Munch? ¿Qué lugar hay en todo ese mito para que yo fabule y me pierda hasta que el cuadro me borre y yo sea el? ¿Qué masturbación mental juegan los intelectuales y las grandes galerías elitistas de arte? ¿Qué fetiche toca hoy? ¿Qué hay que sentir hoy, qué se deberá sentir mañana?

 

  Dice Herbert Marcuse en Eros y Civilización[2] que lo estético siempre estuvo ligado peyorativamente a la sensibilidad, a las facultades bajas, y que siempre se intentó promover una sensibilidad estrictamente estética que dejara las pasiones de lado para aportar al conocimiento, se buscaba un gusto refinado, culto, “sensible”. Pero paradójicamente en varios idiomas y en su etimología la sensibilidad comparte con la sensualidad la raíz sens- que implica una cualidad relativa a los sentidos, y es que originariamente ambos sentidos estaban mezclados,  hoy día solo en el alemán se mantienen unidos. Lo estético entonces se arraiga en lo sensual, es lo sensual-que se sensibiliza, es una forma en la que también se conoce, no sé necesita solo de lo racional conceptual para “conocer” si conocer también es sentir. Cualquier sensibilidad llevará su componente erógeno en la sensualidad. El problema es que para “conocer” los valores estéticos hay que hacerlos carne, vivirlos, desear desearlos y en este caso gritar junto al grito, ¿pero qué valores pueden ser realmente estéticos si están abstraídos? Pareciese ser que en este estado de cosas, la pintura enajenada de sus pintores, no es más que un solfeo de notas mudas, una naturaleza muerta, ¿se imaginan exhibiciones de partituras sin música?   

 

 Si uno/a pudiese desligarse de todo esto, desalineado, desalienado, desecho de todo lo anterior, y se parase desnudo/a frente a “El grito”: ¿Realmente estaríamos frente al cuadro? ¿Lo veríamos, lo sentiríamos? ¿Podemos ir más allá de si es expresionismo, si Munch tuvo un padre severo, de sus trastornos, de su vida “atormentada” de artista, de si lo inspiró una momia peruana en una exhibición, etc.?

 

La desesperación era el nombre de las versiones anteriores de este cuadro, y en cada una los hombres que están de fondo se alejan cada vez más del desesperado, y este se vuelve cada vez más tétrico hasta gritar. No sé por qué se da así, ¿podemos convivir con los puntos ciegos, fascinarnos con simplemente no saber? Decía también Marcuse que la sensualidad en lo estético no es una noción, sino una intuición.

[1] Skirk es el nombre original del cuadro en noruego.

[2] Léase la sección del libro “La Dimensión Estética”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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