Rompecabezas ferrófilo

En el tren todos están en el asiento más personal o situacionalmente odiado, se nota en las muecas ojerosas que esbozan los que suben y encuentran sólo un asiento vacío, y lo ocupan mascullando sin mover los labios en una muestra astronómica de coordinación facial para las ocho de la mañana de un lunes.

Hay tres leyendo, dos autoayuda (Brasilera, India o Rusa, no importa) la tercera lee algo de Cortázar, por suerte no es Rayuela.

Hay una sola señora feliz con su asiento, habla por whatsapp y como por un micrófono, como esas voces inconfundibles que se le nota en la cara que tienen las mujeres grandes y grandes. O sea, grandes sí, pero también grandes de otra forma. Como en inglés “big” pero al mismo tiempo, también “old”. Como enorme, pero más chica, y vieja pero más elegante. Una pseudo vieja enorme. Una gran señora gran. La voz del estadio de un partido entre mafiosos. Se está por bajar y causar alboroto, porque una embarazada de tres meses va a tomar su lugar, ya que estaba al lado, y dejará su lugar libre (el 2° mejor) a un tipo que hace rato se quiere correr porque el sol le da de lleno, le acalora el overol y lo hace transpirar, y en la fábrica ya no hay duchas para la cita de después con la colorada de la risa estruendosa del noveno ve (el chiste inevitable). Liberando así el asiento junto al veinteañero con mirada perdida para Tamara que lo ve todos los días y hoy se decidió a hablarle porque en un momento (jura, recontrarejura que) lo vio a punto de sonreír. Así va a poder completarse el grupo de cuatro universitarios que está repasando para su primer parcial del CBC de Semiología y que tuvieron que dejar a Marcos estudiando solo porque es el Chico Diez, pero él tiene vergüenza de decir que no tiene la más puta idea de que mierda de diferencia hay entre “arbitrario” para Saussure y “necesario” para Benveniste, y Bajtín le parece un nombre requete gracioso pero nada más eso. Así, el vagón de tren muta como uno de esos juegos (seguramente) chinos ancestrales de las películas de espías John Algo con malos asiáticos con gato siamés y que tiene cuadrados equiláteros entre sí y hay que llenar el hueco (diría Freud, ¿No?) y siempre queda vacío, y no se llama Mahjong pero algo así.

Uno de los lectores de autoayuda se mueve hacia el sol donde estaba el estudiante porque su vista es nula sin los anteojos que le quedan mal y así al menos puede adivinar las formas de los grafemas por contraste.

Uno más se mueve hacia la sombra donde se encontraba este por puro placer y deja a un nene que reparte estampitas de San Expedito rojo abordonado, y ya le duelen las falanges de estrechar manos.

Una chica lo ve, le ofrece su asiento y veinte pesos. Él toma el dinero, le da dos estampitas y sigue repartiendo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s