El puntapié- A dos años de Eduardo Galeano

Cuando empezamos está revista, uno de los artistas, luchadores, uno de esos seres humanos tan particulares que nos inspiró para dar ese primer puntapié,  fue sin duda Eduardo Galeano. No por cierto latimoamericanismo, no por que sus libros fueran populares, sino porque quién supiera de Galeano, más allá de unos pocos libros, sabe de se lucha, de su trabajo de periodista, de su resistencia en épocas de dictaduras militares y sociedades reaccionarias, de su poética en sus textos mínimos, en sus microrelatos y en sus relatos, de su relato en sus poesías, del fetiche de su mirada de Río. Ayer 13 de Abril fueron ya 2 años de su partida, y no, no nos un detalle menor, para nosotros no es un mártir, sino un hombre al que se le puede criticar su exceso de difusión de una hermandad latinoamericanista que quizás no la veamos, o sintamos, o que no se ve a lo largo de los siglos, pero es esa creencia ferviente la que también nos hace caminar, al igual que a otra mucha gente que si cree o siente esa hermandad. Puede decirse cualquier cosa a Galeano… menos, ingenuo. El sabía que las utopías son para caminar, que las atrocidades del siglo XX y los totalitarismos hay que repensarlos , y que eso tampoco santifica la democracia burguesa que a veces es incluso peor. Es el espíritu, la amalgama de almas que lograba conectar con su palabra, su fuerza, su pasión, no había distancia entre el hacer y el decir, era un deseo con patas, una hormiga laburante de lucha por los pueblos, las culturas y esos otros que no conocemos y que dejamos de lado por un miedo estúpido, por ese veneno que es la ignorancia. 

  Para nosotros Galeano, es parte de una generación que nos inspira esta denuncia ontológica,  de lo que nos deja estar, ser, respirar, de eso y esos (a veces personas, mandatos sociales,etc) que quiere/n decirnos que es lo que debemos hacer y decir. Hay que atravesar las más bella fantasías que puedan generar esos saberes ciegos y deslindar los fetiches, ir más allá. Decía Galeano en Días y noches de amor y de guerra, sobre la revista Crisis:  

La cultura no terminaba, para nosotros, en la producción y el consumo de libros, cuadros, sinfonías, películas y obras de teatro. Ni siquiera empezaba allí. Entendíamos por cultura la creación de cualquier espacio de encuentro entre las personas y eran cultura, para nosotros, todos los símbolos de la identidad y la memoria colectivas: los testimonios de lo que somos, las profecías de la imaginación, las denuncias de lo que nos impide ser”

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